Con lo joven que soy y ya puedo decir eso de “Como cambian los tiempos”.
Recuerdo que antes, las bodas se celebraban en locales alquilados, como por ejemplo en Lucena, la planta alta del Casino o donde ahora está el Komo-Komo. Seguro que más de uno se ha tropezado por las escaleras o en el escalón de la entrada intentando coger un buen sitio, porque aquello parecía ese día en el que en algún lugar de EEUU, unos grandes almacenes regalan vestidos de novia y allí van todos, a lanzarse por las escaleras para llegar primero aunque sea rodando. El catering para este tipo de eventos, lo realizaban los amigos de los novios, que andaban ajetreados de un lado para otro, intentando dar a basto para servir todas esas mesas de tablón forradas de papel blanco lleno de lamparones y niños que salen de la nada buscando chapas por el suelo.
¡Cómo han cambiado los tiempos! Ese papel lleno de lamparones se ha cambiado por mantelería elegante, platos de porcelana con preaviso de que si lo rompes pagas 60 Euros, menús dignos de los ricos que salían en el Titanic y como recuerdo, una botellita en miniatura de Luis Felipe, dejando atrás los anticuados cigarros.
Y se ruega no asistan niños, estoy segura que es por lo de las chapas, yo sabía que tanta diversión desembocaría en algo malo, al final tuvimos que pagar hasta que nos “echamos novi@s”. Ya no hay que salir corriendo a la entrada del salón, al menos, si no te han sentado con el “pesao” del pueblo
¿Y las comuniones? Lo que antes era una celebración en garajes y locales, también con mesas de tablón y papel lamparoso, cuencos forrados de papel de plata con claveles y una mesa llena de walkmans, bolígrafos “de comunión”, cuberterías “de comunión”, pijamas y libros de firmas, un besito, un sobre y una estampita o una figurilla hortera, ahora es una media boda, con un montón de camareros, una mesa con una Nintendo DS, una Wii, la equipación de tu equipo favorito, MP4 o iPod, y muchos más modestos regalos, das un besito y un sobre y te llevas, en lugar de la figurilla hortera, todo tipo de gadgets de bolsillo, como mecheros-linterna, llaveros-reloj, espejos con luz, todos dignos de aparecer en No Puedo Creer Que Lo Hayan Inventado.
Los bautizos, aunque menos, también han cambiado un poco, puesto que de tomar un café en la antigua Caraba o en algún salón, han pasado a ser eventos con invitación previa y confirmación.
Hasta aquí puedo llegar porque sólo tengo 20 años, si alguien se ofrece a contar más…